Una de las claves del éxito de una empresa es el saber gestionar bien sus diferentes líneas de financiación. De hecho, no son pocas las empresas que han tenido que echar el cierre como consecuencia de una mala gestión de sus líneas de financiación y de no conocer en profundidad cómo manejar cada una de ellas.
Pero… ¿Qué es exactamente una fuente de financiación? Básicamente son el modo por el que una empresa puede conseguir activos con los que financiar su funcionamiento ordinario y poder sufragar los diferentes gastos a los que hace frente. Así, encontramos entre las fuentes de financiación varios tipos diferentes: las subvenciones, los ajustes por cambio de valor y donaciones, las reservas y las deudas a largo plazo así como los pasivos por finanzas.
Las reservas son los fondos disponibles que la empresa tiene en una o varias cuentas corrientes. Este dinero puede estar, por ejemplo, requerido por ley (hace falta contar con ellas sí o sí) como serían las reservas legales. Aunque también puede ser que los organismos de administración de la empresa hayan decidido constituir una reserva para los imprevistos que pueda haber. Esto es lo que sucede, por ejemplo, cuando se decide no repartir los beneficios para poder disponer de un fondo de contingencia con el que hacer frente a los diferentes pagos.
Las subvenciones son el otro instrumento de financiación de las empresas. En este caso, se trata de cuantías dinerarias que le concede a la empresa la Administración Pública (autonómica, local, estatal o europea) siempre con cargo a algún tipo de criterio. Éstas pueden ser a fondo perdido o rentegrables. Se trata pues de ayudas que acaban constituyendo a efectos prácticos un préstamo con intereses para la empresa receptora.
A parte de las reservas y las subvenciones,; las otras dos grandes herramientas para conseguir que una empresa tenga la liquidez necesaria, son las deudas y los pasivos. Respecto a las deudas, es necesario tener en cuenta si éstas vencen a corto plazo o no ya que no serán contabilizadas de igual forma como financiación de la empresa. Los pasivos por su parte, pueden ser una forma de financiación si se venden o se utilizan sabiamente y constituyen, en todo caso, una prueba de la buena salud de la empresa de cara a una venta.
La financiación externa de la empresa
Además de las formas de financiación que hemos visto; existen formas de financiación externas de la empresa. Estaríamos en este caso ante las emisiones de capital, de deuda o el crédito. En el primer lugar, estaríamos ante un crecimiento de la empresa a través de la aportación de nuevos socios o accionistas (como lo que podría producirse ante una salida a bolsa) que haría que el valor de la empresa aumentase.
La emisión de deuda y el recurso al crédito, por su parte, no aumentarían el valor de la empresa. Sin embargo, son fuentes de financiación muy flexibles que pueden ser negociadas para afrontar determinados procesos empresariales con más soltura que la ampliación del capital y sin cambiar la configuración de la estructura de propiedad de la empresa.
Sergio Delgado
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